La vida como es…

Vegetativos

Octavio Raziel

Vegetativos

Política

Febrero 20, 2014 20:51 hrs.
Política Estados › México Ciudad de México
Octavio Raziel › diarioalmomento.com

Recientemente, Emiel Pauwels, de 95 años, que presumía de haber recibido más de mil medallas en carreras por el mundo decidió despedirse por todo lo alto mediante una inyección letal. Él, que tantos retos afrontó, se negó a luchar contra el cáncer de estómago. A cambio de un final lacrimógeno, pidió la eutanasia rodeado de las 20 o 30 personas más queridas, entre ellas su hijo. Por otra parte, me entero que un juez federal en EUA dictó sentencia para cesar el soporte vital artificial a Marlise Muñoz, texana de 33 años, embarazada, y que se encuentra en muerte cerebral. En España, la organización Médicos de Derecho a Morir Dignamente logró la semana que terminó ayudar a José Luis Sagüés, de 63 años a terminar su sufrimiento. “Quiero morir porque amo la vida” dijo a su familia y amigos que le rodeaban poco antes que apurara la copa de vino que le sedó. Caso contrario fue el de Eluana Englaro, una chica italiana de 20 años que sufrió un accidente automovilístico y desde ese instante entró a la zona del silencio vegetativo durante 17 años. Su padre luchó diez años para que le permitieran partir. Leyes venían y leyes iban, sin lograr que Eluana fuera liberada de su estado vegetativo. El padre logró sacar a su hija, muy de madrugada, casi a escondidas, y llevarla a la clínica La Quiete, (La Calma) en Udine, donde le suspendieron el suministro de alimento vía sonda naso gástrica que le mantuvo en estado vegetativo 17 años. El cardenal mexicano Javier Lozano Barragán, desde Roma, declaró que suspender la ayuda a Eluana, “es un abominable asesinato” y exigió que se detuviera a “la mano asesina”. Anticipó la condena a la pobre chica al declarar: “Esperamos que Dios le abra la puerta del Paraíso”. Días después, una noche, las campanas del pequeño pueblo italiano tocaron a duelo. Decenas de personas que apoyaron la decisión del padre encendieron veladores a las puertas de la clínica “La calma”. Hubo una campaña porta a porta acusando a Beppino Englaro de asesino y verdugo. La periodista Marinella Chirico, que entró con permiso del padre a la habitación de Eluana, dijo que verla fue “una experiencia devastadora”. Las fotografías para el reportaje las destruyó nomás de verlas… Al final, la chica les ganó la batalla. Con Paraíso o sin él, ella resultó vencedora… Siempre he presumido de duro, frío, pero al enterarme de la partida de la chica se me derritió el hielo del alma…


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