La vida como es…

Fetiches

Octavio Raziel

Fetiches

Periodismo

Diciembre 26, 2013 12:55 hrs.
Periodismo Nacional › México Ciudad de México
Octavio Raziel › diarioalmomento.com

Con regularidad llegan correos electrónicos con mensajes de amistad, de amor; todos positivos. Como si los seres humanos estuvieran dispuestos a salir cada día a dar abrazos a los amigos y besos a las amigas.

Alberto es alérgico a ese tipo de expresiones; pero cuando extiende su mano procura enviar buena vibra a quien se la ofrece.

Al término de este ciclo, año 2013, se siente obligado a hacer una reflexión más sobre su vida.

Practicó una regresión con el único objetivo de dilucidar una pregunta que le pareció debía contestarse antes del 31 de diciembre: ¿Alguna vez deseó hacer daño a alguien; maldecirlo o crearle un fetiche, no obstante tener los conocimientos y los elementos para hacerlo?

Siente que un gran peso se ha descargado de su alma pues no, nunca lo hizo –por lo menos de manera consciente- y su espíritu mantuvo siempre una energía positiva. Sin embargo, se ha percatado que cuando alguien le ha hecho un mal o daño grave sólo ha tenido que esperar; de algún lado –sin él saber cómo- llegó el cobro.

Entorna los ojos y recuerda a su chamana oaxaqueña, doña Tranquilina. Decía que las hierbas están siempre unidas al Cosmos; algunas a los círculos del bien, pero otras han salido del Inframundo.

Cuando pasaba por su negocio le intrigaba ver tantos frascos y botes con hierbas, semillas y ungüentos que servían también para curaciones. Tenía varios tipos de hongos, algunos de ellos alucinógenos que guardaba celosamente. Peyotes como los de María Sabina. Había muchos santos. Amuletos sin fin: ojos de venado para evitar el mal de ojo; cuarzos para atraer las buenas vibras; moneditas chinas en su bolsita dorada para llamar al dinero; flores de jazmín y azahar en una bolsita blanca para conseguir novio o marido.

-Pasa, no tengas miedo, le dijo la bruja. Yo te contaré la historia de todas y cada una de estas hierbas. Aprenderás a conocerlas y a servirte de ellas.

Él entró a ese extraño santuario.

Aprendió a hacer limpias y a exorcizar a chamacas que llegaban todas alocadas. Cuando joven, durante sus vacaciones de la preparatoria o la facultad se hacía presente en la casa de doña Tranquilina que le mostraba el poder del color de las veladoras o listones que tenía expuestos.

En ocasiones llamaba a Alberto para que observara a una posible clienta que quería hacer el mal.

-Pon atención a su mirada, aprende a observar la comisura de su boca; siempre está hacia abajo. En sus muecas está el secreto de lo que necesitan, le decía. Muestran su odio, su maldad. Su mente está al servicio de Astarot, de Oiá, le advertía. La mujer extraerá de su monedero o bolsa, como una delincuente, el dinero para pagar.

Le enseñó también a ver el alma de las personas cuando se reflejaban en un espejo, en el agua o en cualquier otro objeto.

La veladora de color negro que tengo reservada en el fondo de esas cajas no debes usarla nunca. Ese color representa el pecado, la maldad, te lleva al Inframundo donde hay seres que te dirán cómo puedes hacer daño a quienes te envidien o deseen hacerte mal; pero ese favor siempre te lo cobrarán, como una factura. Esa veladora no debes tocarla. Atrae las malas vibraciones del Cosmos.

Alberto visitó en varias ocasiones el Museo de la Santería, en Guanabacoa, Cuba. Ahí una hechicera le tiró los caracoles para conocer su destino. Le anunció una larga vida bajo la protección de Yemayá y le dijo que sus conocimientos, como chamán, eran para hacer el bien, nunca para hacer el mal.

En Santa Clara, Cuba, tocole observar la elaboración de fetiches con cera de velas negras o con un hueso humano, con cabello y trozos de tela del vestido de la persona a la que harían el maleficio; ceremonia que también tuvo la oportunidad de ver en la amazonia Brasileña.

Al terminar el 2013, y después de vagar un año más por este mundo, Alberto rebusca nuevamente en su pasado si tuvo la pretensión, como brujo, de hacer el mal a alguien.

No, nunca.

Su conciencia está tranquila.

Bienvenido el año 2014.

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