La vida como es…

Evocaciones

Octavio Raziel

Evocaciones

Política

Diciembre 27, 2013 16:18 hrs.
Política Estados › México Ciudad de México
Octavio Raziel › diarioalmomento.com

Los amigos, se ha dicho hasta el cansancio, deberían ser para siempre. En el caso de Juan Carlos G. y Alberto, ambos han tenido la especial atención de estar al pendiente de cada uno en las buenas y en las malas.
Las fiestas decembrinas les dieron la oportunidad de reunirse para recordar, evocar, hacer un recuento de su respectiva vida aunque la distancia de edad entre ambos sea considerable.
Un buen golpe a la dieta con las increíbles tortas de La Texcocana (desde 1936) frente al cine Metropólitan propició continuar con una tarde de plática sentados en el frío cemento de una alta banqueta del traspatio de su negocio.
Juan Carlos muestra la gran madurez que le ha dado el hacerse cargo del negocio familiar después de la partida de su padre; además, se ha tenido que defender de quienes, como suele suceder, no quieren que sobresalga. Alberto, con tanto tiempo recorrido ha procurado aportarle de manera desinteresada consejos u orientaciones sacados de su experiencia.
- Compadre, hay algo de lo que te arrepentirías de esta vida y qué quisieras corregir si hubiera reencarnación, preguntó Juan Carlos.
-Nada, absolutamente nada. Sería otra vez un luchador como lo fui desde casi niño; regresaría a la cubierta de un barco y enfrentaría tormentas y galernas. Retomaría mi vida de aventurero y volvería a ascender a las más altas montañas del país; me introduciría una vez más a las entrañas de la tierra -a sus cavernas o ríos subterráneos- recorrería nuevamente desiertos y selvas; descendería por los rápidos de los ríos y me lanzaría por la tirolesa de la Barranca del Cobre con más de 400 metros de vacío; saltaría otras veces en paracaídas desde más de 13,000 pies de altura; correría como desesperado acompañando en su Mustang a mi amigo Octavio Medal Castellanos en el Autódromo Hermanos Rodríguez; evocaría el olor a sangre y pólvora como corresponsal de guerra; escucharía el tableteo de las armas en la Noche de Tlatelolco o el Jueves de Corpus; escribiría, como hasta hoy, todos los días y leería cientos de libros que quedarán pendientes. ¿Y tú compadre?
-Tampoco cambiaría nada. Tal vez, sólo tal vez, aprovecharía la experiencia de esta vida para evitar que la gente abuse de mi buena disposición de ayudarles.
-Recuerda, nunca prestes dinero porque derrochas tu dinero y pierdes un amigo. Te repetiré una vez más que no te juntes con salados o con pendejos porque portan un virus altamente contagioso. No pongas ladrillos en terreno ajeno, porque pierdes las dos cosas. Los amigos cerca, pero los enemigos más cerca para que los puedas vigilar.
Fue una tarde amable que Alberto agradece a Juan Carlos.
Llegó el momento en que las reflexiones se encaminaron hacia la vida sexual.
-A mí –dijo Alberto- me habían dicho que me correspondían siete mujeres. Eso me salva.
-Pero tú no respetaste esa correspondencia y las siete se multiplicaron varias veces, dijo Juan Carlos.
-Eso es cierto. Ahora, con el tiempo, debo reconocer que sólo quise aprovechar que un altísimo porcentaje de los caballeros se preocupaban por tener una sola mujer y que las otras seis quedaban al garete. Ahí es donde yo intervenía; era únicamente una acción humanitaria, compensatoria. En cambio, en tu caso, has tenido malas experiencias con las féminas porque te tardaste en entender que las chicas de estos tiempos están a la caza de lograr: casa, vestido, viejo y sustento en una sola exhibición. Así que tendrás que cuidarte de caer en una nueva tentación.
Al final daba la impresión de que los dos amigos no querían terminar el encuentro pre navideño. Será cualquier día del próximo año cuando se reanude el intercambio de experiencias; las de uno muy joven con las del otro algo maduro.
Feliz año nuevo compadre Juan Carlos.

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